Evolución milenaria de San Miguel de Allende

EVOLUCIÓN MILENARIA DE SAN MIGUEL DE ALLENDE.

Por: Arturo Morales Tirado.

 

Gran parte de la magia que se puede vivir, hoy en día, en San Miguel de Allende y sus alrededores se debe a su enorme e impresionante patrimonio natural y cultural que en más de 50 millones de años han hecho de este sitio, junto con su gente, un lugar auténtico, único, irrepetible y excepcional, características que la UNESCO consideró en 2008 y 2010 para designar a la Villa Protectora de San Miguel Arcángel (fundada por autoridades novohispanas, para tal fin, en 1555), al Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco (joya del arte barroco popular mexicano desde 1740 – 1762) y el Camino Real de Tierra Adentro (el primer camino en América, trazado por europeos en el siglo XVI) que cruza el Municipio, como Sitio e Itinerario (respectivamente) Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

   Localizado en el centro del Continente, en la frontera geológica y fisiográfica entre la Mesoamérica Volcánica y el semidesierto de Aridoamérica (Altiplano Central Mexicano), el norte de nuestro territorio municipal, hace, aproximadamente,  50 millones de años fue lecho marino hasta la enorme colisión de la placa tectónica de Norte América y la Placa Tectónica del Pacífico Norte. En su evolución de vida natural, albergó hasta hace unos 10,000 años, enormes ejemplares extintos de la megafauna de mamíferos norteamericanos, justo a final de las últimas grandes glaciaciones y en el momento de las últimas e intensas erupciones de los volcanes de Támbula (hace 12,000 años) y el Palo Huérfano o “Los Picachos” (hace 10,000 años). Hoy en día, contamos con más de 3,500 hectáreas de paisaje paleontológico y con cuatro ecosistemas dominantes: el bosque de encino a más de 2,200 m.s.n.m. en las cúspides volcánicas y montañas, el bosque de galería en los cañones de la frontera fisiográfica, el humedal en torno a ríos, lagos, lagunas, represas y presas y el semidesierto o matorral bajo caducifolio, craucicaule. 

 

      Con orgullo podemos presumir que el área de San Miguel de Allende  y su zona de influencia, fue, en términos culturales, parte de la frontera norte de Mesoamérica en sus tres horizontes culturales (preclásico, clásico y postclásico). Como sabemos, por etnólogos e historiadores, como el preclaro Miguel León Portilla, , a partir del desarrollo – invención de la agricultura, Mesoamérica, junto con territorios de: China, Egipto, India, Mesopotamia y el altiplano andino en Sudamérica, son parte de las regiones de civilización originaria. Por lo anterior, en nuestro territorio tenemos vestigios culturales del grupo étnico “chupícuaro”, desarrollado hace más de 2,500 años, casi una centena de sitios arqueológicos del horizonte clásico, de acuerdo con investigaciones de Gabriela Zepeda García Moreno, Luis Felipe Nieto Gamiño, Rossana Quiroz Ennis y otros más, de filiación mazahua – otomí – prototoltecas; por cierto, un Sitio de ellos, ya abierto al público: Cañada de la Virgen. Dentro de este territorio arqueológico de más de 5,500 hectáreas, existen evidencias de grupos étnicos itinerantes del horizonte posclásico, los llamados chichimecas (pames, copuces, caxcanes y guamares) que habitaron nuestro territorio hasta el encuentro de los otomíes aliados con los primeros españoles a finales de la década de los 30s en el siglo XVI.

 

   A partir de 1542, cuando se comienza la traza en nuestra área del Camino Real de Tierra Adentro, se dio el arribo de los primeros europeos a nuestro actual territorio, una mezcla de misioneros con gambusinos, aventureros, militares y comerciantes, más otomíes comerciantes y militares, se originaron los primeros asentamientos en nuestro territorio bajo la dominación española de la Nueva España. Los frailes, originalmente franciscanos como Fray Juan de San Miguel, Bernardo Cossin, Francisco Doncel, Pedro de Burgos, entre otros, fueron actores relevantes junto con los principales otomíes en las fundaciones de villas de indios con presidios, villas de españoles (y criollos), villas exclusivas de indios. A la par, los españoles y criollos militares,  expedicionarios y aventureros, fueron los actores fundadores de  estancias de ganado, ventas, y las primeras haciendas, como la de Puerto de Nieto.

 

   Por más de 200 años, en el entonces: San Miguel el Grande, se fue desarrollando una estirpe criolla de hacendados y comerciantes adinerados y de nobleza obligada, la cual, sin perder su espíritu criollo (muchos de ellos de origen vasco), trascendió de la dinastía real Habsburgo a la francesa “Borbón”, a partir de 1700; tanto en su insistencia en el arte barroco (sobre el impuesto y obligado “neoclásico”) como en su espíritu indómito e inquieto. Sin duda, por el contexto minero de Zacatecas y principalmente de Guanajuato en torno al Camino Real de Tierra Adentro. Como consecuencia, el esplendor de San Miguel el Grande se dio en el siglo XVIII, atestiguado éste hecho, con las hermosas casas, casonas y palacios del actual Centro Histórico, más sus templos, edificios públicos y obras de infraestructura en la zona rural, como el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, que a la fecha existen. Paralelo a ello, se desarrolló una entelequia sobresaliente en Nueva España en muchos de los campos de importancia para los criollos de aquellos tiempos: hombres de letras, líderes espirituales, hacendados, gente de la milicia agrupados en el escuadrón virreinal de los “Dragones de la Reina”, comerciantes y demás vecinos distinguidos en toda Nueva España; de tal suerte, que a manera de ejemplo, podemos mencionar ahora algunos de estos ilustres apellidos: Díaz de Gamarra, Neri de Alfaro, De Sautto, De la Canal, Lanzagorta, Umarán, Landeta, Malo, Aldama, y desde luego: Allende.

 

   A principios del siglo XIX, en el contexto mundial que vivió la, en esos tiempos, decadente monarquía española y la invasión napoleónica a España, fue en el bastión criollo de San Miguel el Grande donde se originó y desarrolló la segunda conspiración (después de la fallida de Michelena en Valladolid, de la que Ignacio Allende fue parte) contra el mal gobierno español vinculado al virreinato de Nueva España. Sin duda, San Miguel, en el día previo a su gran festividad, era un sitio ideal, pero ante los acontecimientos precipitados por el descubrimiento del capítulo Querétaro de la conspiración, el primer ejército insurgente entró glorioso y vitoreado a San Miguel el Grande la tarde del domingo 16 de septiembre de 1810.

 

   Al final de este primer movimiento y ante el definitivo, grave y excesivo castigo del general Félix María Calleja, impuesto a partir ede enero de 1812 a la Villa y gente de San Miguel el Grande, al ejecutar a los patrocinadores y promotores de la conspiración y rebelión insurgente y cancelar el destino San Miguel del Camino Real de Tierra Adentro en su ruta de la Plata, está decayó en lo económico, social, político y cultural, hasta ser un pueblo casi fantasma por más de 7 décadas, lo que a la postre produjo, principalmente,  la preservación del casco virreinal del Centro Histórico de la actual Ciudad. Por cierto, en 1826, durante el régimen del general Guadalupe Victoria (José Miguel Fernández Félix), primer presidente de la República, electo democráticamente (en aquel contexto) San Miguel el grande pasó a llamarse San Miguel de Allende, en honor al ilustre capitán de los Dragones de la Reina: Ignacio José de Jesús María Pedro Regalado de Allende y Unzaga. Años antes, el 22 de junio de 1818, nacería en San Miguel, el ilustre ateo, masón y liberal: Ignacio Ramírez Calzada, “el Nigromante”.

 

   Con la relativa estabilidad política, social y económica de la “paz porfiriana” y su cercanía a Guanajuato, ciudad favorita de Porfirio Díaz, quien ostentó el poder político, prácticamente de 1876 a 1910, San Miguel de Allende se inscribió en la ola modernizadora bajo la tendencia ecléctica del porfiriato, contando, entre otros, con el brillante talento del maestro de piedra cantera: Zeferino Gutiérrez creador, entre otros, de altares del Templo de San Antonio de Padua (San Francisco), de la fachada de la Parroquia de San Miguel Arcángel, la cúpula del Templo de la Inmaculada Concepción de María o “las Monjas” y la Torre del Campanario (entre otras obras públicas). De esta época son también, los baños y jardines del Manantial de El Chorro, el Parque Juárez y el Jardín Principal; y en la zona norte de San Miguel, las casas de obreros y naves de la Fábrica de textiles La Aurora, hoy afamado por su diversidad y calidad, Centro de Arte y Diseño: Fábrica La Aurora.

 

   En esta atmósfera de herencia natural y cultural milenaria, con dos grandes influencias de tradición añeja, a partir de la nativa indígena y de la europea – española agregada hace 500 años, hoy San Migue del Allende es reflejo de sus cuatro significativas columnas culturales: la judeo - cristiana (católica), la greco – latina, la árabe (estas dos en la lengua, el arte y la visión cosmopolita), y la indígena – mesoamericana.  Situación que se ha visto enriquecida favorablemente hacia la tolerancia y apertura a partir de la magia de expresiones artísticas, valoración del patrimonio milenario, la práctica del arte de la convivencia y del buen vivir, situación que se generó a partir de los primeros 12 extranjeros que arribaron por tren a San Miguel en 1939 con la promoción del exilado político peruano: Felipe Cosío del Pomar (oriundo de San Miguel Puno y fundador del APRA) y del entonces, recién graduado en artes de Princeton University: Stirling Dickinson.

 

   En los últimos 75 años miles de extranjeros de más de medio centenar de países y mexicanos de todos los Estados del País, han decidido ser vecinos de este privilegiado rincón en el orbe, consecuente de la fusión lenta de culturas, a partir de la profunda raíz mestiza local, en un proceso cultural lento de tolerancia a la diversidad cultural en un ciudad pequeña de cerca de 90,000 habitantes donde residen aproximadamente 10,000 extranjeros que junto con mexicanos nativos y no, todos vecinos de San Miguel de Allende y sus alrededores (en el municipio somos cerca de 165,000 habitantes) vivimos, en general, valorando nuestra rico patrimonio natural y cultural, participando en la dinámica de tradiciones y cultura dinámica traducida en: ritos anuales públicos marcados por fiesta populares, tradiciones, festivales, procesiones y desfiles públicos; onomásticos cívicos, conmemoraciones cívico – religiosas (bodas, quince años, bautizos, etc.); ciclos de turismo en vacacionales de invierno y verano, y desde luego de fin de semana.

 

 

   Por lo anterior, brevemente descrito, te invitamos a vivir el rico y fascinante tiempo y espacio sanmiguelense en un sitio, que a lo largo de las últimas seis décadas, se ha consolidado como uno de los mejores destinos turísticos del Mundo, por su ubicación, su clima, su gente y su atmósfera humana cosmopolita y relajada, su cultura turística, calidad y variedad en los productos y servicios turísticos y cada uno de los eslabones de la cadena de valor turístico. Ven a San Miguel de Allende y vive la magia auténtica, única, irrepetible y excepcional de este fascinante destino turístico orgulloso de su gran patrimonio natural y cultural, en el contexto turístico contemporáneo. ¡Bienvenido al Corazón de México!

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